No solo sirven para diagnosticar infecciones de transmisión sexual: en el síndrome premenstrual pueden ser la clave.
Con una toma del cuello del útero, de la vagina o de la orina se identifican bacterias, hongos y otros microorganismos, y el antibiograma o el fungigrama indican qué tratamiento va a funcionar. Además de las infecciones de transmisión sexual (clamidia, gonococo, micoplasmas, tricomonas…), busco infecciones de bajo grado que apenas dan síntomas.
Por eso los cultivos pueden ser la clave en el diagnóstico y el tratamiento del SPM: una inflamación o una infección crónica del cuello del útero y del tracto genital puede ser la fuente de mediadores inflamatorios que empeoran cada ciclo. Encontrarla permite tratar el origen y no solo los síntomas.